Una casa en una parcela de fuerte pendiente sobre el paisaje de Benissa. El proyecto acepta la ladera en lugar de aterrazarla: el programa se apila y el salón se convierte en un mirador acristalado que vuela sobre el terreno natural.
El cuerpo volado se apoya en un único pilar inclinado, que recoge la carga del extremo y la devuelve al terreno siguiendo la pendiente: la estructura no se disimula, se enseña. El frente a calle, en cambio, se cierra con muros ciegos de hormigón y mampostería; el acceso se produce por una pasarela sobre la lámina de agua.
El interior se resuelve en una planta esencialmente diáfana de estar, comedor y cocina abierta, volcada por completo al ventanal corrido del mirador.
La obra formó parte de la Exposición Panorámica del 50 aniversario de la Escuela de Arquitectura de València (2017).